Leonard Cohen, un creador agradecido

Sabían lo que hacían los jurados del Príncipe de Asturias. Era por lo menos insólito otorgar el Premio de las Letras a Leonard Cohen. Tiene obra, cierto: dos novelas rompedoras, una docena de poemarios. Pero lo escrito queda eclipsado por su producción musical. Al mencionarse su nombre, pocos piensan en Hermosos perdedores o Flores para Hitler: le amamos como el cantor agónico, sacudido por el vértigo de la carne, el vendaval de los tiempos, la ansiedad espiritual.

Cohen no es como Dylan (Premion Príncipe de Asturias, antes). Pertenece a otra categoría: nunca ha conocido esa gloria abrasadora. Viene del ambiente literario de un país pequeño, donde los escritores buscan premios con dinero, aspiran a las becas, se agrupan y conspiran para destacar. Con todo, sumando ayudas familiares y sus escasos derechos de autor, sobrevivía modestamente en una isla griega.

Hasta que se instaló en Nueva York, para vender sus canciones. Aunque el look y la edad le marcaban como intruso, el cazatalentos John Hammond le aseguró que podía grabar discos. Facturaba letanías dolientes y se burlaba de su propia voz.

El agradecimiento de Leonard Cohen, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011, al homenaje a su poesía y su música capitaneado por músicos españoles como Nacho Vegas, el cantaor Duquende y Javier Mas -guitarrista en su última gira- llegó hasta las lágrimas al final del acto en el Teatro Jovellanos de Gijón cuando todos los participantes cantaron, acompañados por las palmas del público, ‘So long, Marianne’.

Primero en la oscuridad y luego con las luces que anunciaban su despedida, el poeta, músico y narrador secó sus lágrimas ante las más de 700 personas en el recital. Genio, maestro e ídolo, se le llamó desde un escenario que Cohen, quien horas antes había confirmado que publicará nuevo álbum, no llegó a pisar. Observó desde un palco a Laura García Lorca, sobrina nieta de su admirado poeta, que le definió como “el mejor embajador” que ha tenido Lorca. “La vida de un poema se prolonga con cada traducción. ‘Pequeño vals vienés’ pertenece a Cohen a través de su ‘Take this waltz’ y en esa misma cadena, también a todos los que lo hemos oído con el extraordinario sentimiento de identificación que producen las obras de arte”, señaló la descendiente del granadino.

Un homenaje que por sus ingredientes justifica el especial agradecimiento del artista norteamericano, de 77 años, por ser premiado “en la tierra de Lorca, Machado y Morente”. No faltó la guitarra española: se encargó de ello Mas, que junto a otros músicos acompañó a las voces de las Webb Sisters -que también participaron en el último ‘tour’ de Cohen-, versionando temas como ‘Dance me to the end of love’, al que pusieron voz las Webb Sisters, que también acompañaron a Cohen en sus últimos directos. Después, el cantaor Duquendeconvirtió en flamenco ‘Nana del caballo grande’, de Lorca, y “The gypsy’s wife”, de Cohen.

Las generaciones de músicos que se sienten deudores de Cohenestuvo representada por los músicos asturianos Nacho Vegas -el cantautor es visceral admirador del premiado, al que siempre ha citado como referencia de su música- Montse Álvarez (de Nosoträsh) y Mar Álvarez (de Pauline en la Playa). Vegas echó mano de humor para explicar que la música de Cohen tuvo que cruzarse tres veces en su vida para marcarle. A los 13 años no le gustó nada. Lo vio en una entrevista en el programa de televisión Rockopop y le pareció “un señor muy serio con traje negro. Pensaba: no canta, está hablando“. Tres años después, el padre del asturiano le pidió que le grabara una maqueta, la primera música que hizo Vegas con sus amigos, y “como eran con aquellas cintas de 90 minutos, que metiera también un disco de Cohen”. Otros tres años después murió su padre y encontró aquella cinta entre sus pertenencias. Era ‘Songs of Leonard Cohen’, el primer álbum del canadiense, publicado en 1968. “Entonces fue cuando escuché aquel disco varias veces al día durante semanas”, recordó.

En el acto, se proyectó en primer lugar una parte del documental ‘Songs from the road’. En el homenaje también participaron Andres Amorós, que realizó una lectura de algunos de sus poemas traducidos al castellano como “Hey, that’s not way to say goodbye” y ‘Sisters of Mercy’, y también participó el guitarrista irlandés Glen Hansard.

El Joven Coro de la Fundación Príncipe de Asturias puso la nota final. Cohen ya había abandonado su palco, pero apareció para quitarse una vez más el sombrero ante su público. No le hizo falta ni abrir la boca para bañarse en aplausos. Sonaba una magnífica versión de ‘Hallelujah’ y el músico volvía a estar emocionado.

Leonard Cohen derrocha pasión por Lorca en Oviedo

Si llamas Lorca a tu hija es que sientes devoción por el poeta granadino. Eso es lo que hizo ayer Leonard Cohen, derrochar devoción por Federico García Lorca, al que empezó a leer con solo 15

años y con cuyo apellido bautizó a su hija. «A través de sus poemas conocí un paisaje tremendamente familiar, muy cercano al silencio», aseguró ayer en Oviedo el cantautor canadiense durante la tradicional conferencia de prensa de los galardonados con el Príncipe de Asutrias. Cohen (Montreal, 1934) lo ha conquistado en la categoría de Letras. Es la primera vez que un músico lo consigue desde que existen los premios, que cumplen 30 años.

Nada más aparecer en el salón, Cohen, que recogerá el premio mañana, pidió disculpas a los periodistas por no hablar castellano, a pesar de lo mucho que le ha influido la cultura española. Y no solo por Lorca sino por la guitarra y el flamenco. «Federico García Lorca fue el primer poeta que me invitó a vivir en su mundo», aseguró el galardonado, al que muchos consideran un poeta de la soledad a pesar de que él dejó claro que a la hora de crear «también es buena la compañía».

Nacido en una familia judía con ancestros lituanos, Cohen empezó a escribir poemas a los 16 años. No fue hasta los 22 cuando publicó su primer libro de poesía: Comparemos mitologías (1956), al que siguieron La caja de las especias de la tierra (1961) y Flores para Hitler (1964). En narrativa debutó con la novela El juego favorito (1963), cuyo protagonista es un joven poeta que rompe con las convenciones de su familia burguesa. Tres años más tarde, cuando comenzaba a mostrar sus canciones en los clubs de Nueva York, publicó su segunda novela,Los hermosos vencidos.

A la pregunta de a quién recomendaría leer sus novelas, el cantautor provocó la risa de los periodistas al contestar que «a nadie». «No pierdan el tiempo, no merecen la pena. Para mí, es difícil recomendar uno de mis libros cuando hay tan poco tiempo y tantísima buena literatura ahí», sentenció, humilde. El autor de Songs of Leonard Cohen comentó que el año que viene publicará nuevo disco: Old ideas, su primer trabajo discográfico desde Dera Heather (2004). El álbum contiene diez canciones nuevas que «han gustado mucho» a los afortunados que las han escuchado.

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